¿Qué la hace imprescindible?
Capas de historia visibles
La iglesia combina su estructura románica original con aportaciones renacentistas posteriores, ofreciendo una lectura clara y accesible de cómo los templos rurales navarros fueron adaptándose al paso del tiempo.
Un interior sorprendente
Su retablo plateresco es una de las joyas artísticas del Valle de Guesálaz. Es obra del escultor Juan de Ayala y fue realizado en la segunda mitad del siglo XVI.
Vínculo con los grandes centros monásticos
Irujo fue lugar de señorío del Monasterio de Irache desde el siglo XI, lo que sitúa a esta iglesia dentro de la red espiritual, económica y cultural que articularon los monasterios en Tierra Estella.
Cuándo visitar
La iglesia puede visitarse durante todo el año. Especialmente recomendable para quienes desean descubrir el patrimonio artístico del Valle de Guesálaz con calma, combinando pueblos pequeños, paisaje y arte sacro.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el propio núcleo de Irujo se accede fácilmente caminando. El recorrido permite disfrutar del paisaje rural del Valle de Guesálaz.
Es accesible mediante carreteras locales con poco tráfico desde Salinas de Oro y otras localidades del valle. Es una ruta recomendable para cicloturismo tranquilo.
Irujo cuenta con buenas conexiones por carreteras locales y vías secundarias desde las localidades cercanas del Valle de Guesálaz. El acceso está señalizado hasta el núcleo del pueblo y zonas próximas donde se puede aparcar para continuar la visita a pie.
Se puede llegar en autobús hasta localidades cercanas a Irujo. Desde allí, el acceso se completa fácilmente en taxi, bicicleta o vehículo privado.
Más información
En el exterior, el templo tiene muros de pequeños sillares, una cabecera poligonal reforzada por dos contrafuertes en las esquinas y una torre maciza se levanta a los pies, presentando los mismo soportes más un añadido en forma de medio cilindro que aloja la escalera de acceso al campanario.
Se accede al interior por una sencilla portada de arco de medio punto protegida por un pórtico que resguarda la entrada. La portada está compuesta por cinco arquivoltas y un guardalluvias apoyado sobre una imposta lisa, que se prolonga en las pilastras que la sustentan. La decoración es mínima: únicamente unos racimos a cada lado del arranque del arco del guardalluvias. Los herrajes son de época medieval.
El interior se organiza en una nave de tres tramos cubierta con bóveda de medio cañón reforzada por arcos fajones, que conduce a un ábside cubierto con bóveda de horno.
Es aquí donde la iglesia revela uno de sus mayores tesoros: el retablo mayor plateresco, realizado en la segunda mitad del siglo XVI por Juan de Ayala.
Es un retablo formado por un banco, dos cuerpos y un ático. En el primer cuerpo aparecen dos relieves en los que se ha representado la Adoración de los Magos y la Adoración de los Pastores. En la calle central se encuentra el sagrario. En el segundo cuerpo destaca la escultura de San Román. A los lados aparecen dos relieves en los que se ha representado la Flagelación de Cristo y la Traición de Judas. Remata el retablo la imagen de Cristo Crucificado, con la Virgen y San Juan a sus pies. A su lado se encuentran San Juan Bautista y San Miguel Arcángel.
Su cuidada iconografía, la riqueza de sus relieves y la potente imagen del Crucificado convierten este espacio en uno de los conjuntos artísticos más notables del valle.
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