¿Qué la hace imprescindible?
Una construcción singular en Navarra
La nevera de Arizaleta / Aritzaleta es una de las tres únicas neveras con forma elíptica construidas en Navarra, de un total de 169 construcciones datadas en la Comunidad.
Ingeniería tradicional de conservación del hielo
Excavado, levantado y revestido con lajas de piedra caliza de la cercana Sierra de Andía, sin uso de argamasa, presenta muros de 60 cm de espesor y más de seis metros de profundidad.
Memoria de un oficio desaparecido
Durante siglos abasteció de hielo a localidades como Estella-Lizarra y Pamplona. La nieve se transportaba de noche en caballerías, envuelta en paja, y se destinaba a la conservación de alimentos, usos medicinales y elaboración de bebidas y helados.
Cuándo visitar
La nevera puede visitarse durante todo el año mediante senderos señalizados. En invierno permite comprender mejor su función original; en primavera y otoño ofrece condiciones ideales para recorrer la ruta circular. Se recomienda evitar días de lluvia intensa por la posible presencia de barro en el tramo de ascenso.
Ideal para
Cómo llegar
Desde la zona de aparcamiento de Arizaleta parte un sendero señalizado que asciende en dirección norte progresivamente hasta el Alto de Mendizelaia.
El primer tramo puede realizarse por sendero, aunque el acceso final al nevero requiere dejar la bicicleta y continuar a pie.
Se recomienda estacionar en el aparcamiento del pueblo y realizar el recorrido a pie ya que no existe acceso para coches hasta la nevera.
Arizaleta cuenta con rutas interurbanas de autobuses desde otras localidades. Desde el núcleo urbano del pueblo se hace el trayecto a pie.
Más información
Esta es una de las tres únicas neveras con forma elíptica construidas en Navarra. Las otras dos de similares características se ubican en Muniáin de Guesálaz y en Carcastillo.
Situada a una altitud de 985 metros aproximadamente, presenta una planta interior elíptica de aproximadamente 6 por 5,5 metros y una profundidad superior a los 6 metros, lo que le otorgaba una notable capacidad de almacenamiento. Sus robustos muros, de hasta 6 metros de espesor, garantizaban un excelente aislamiento térmico.
Excavada y revestida con lajas de piedra caliza de la cercana Sierra de Andía, colocadas una sobre otra sin uso de argamasa, esta construcción medieval, contaba con una cúpula que contribuía a la conservación del hielo durante todo el año.
Su gestión solía adjudicarse en arriendo, obligando al responsable a garantizar suministro de hielo a la población, infraestructura que dio trabajo a muchas familias en la zona.
El proceso de transformación de la nieve en hielo comenzaba a finales de otoño y durante el invierno, aprovechando las primeras nevadas. Lo primero era limpiar el interior del nevero y preparar el fondo con una capa de ramas y hojas, que facilitaba el drenaje y evitaba la acumulación de agua.
La nieve se recogía en el monte con palas y azadas, formando bolas que se hacían rodar hasta la boca del pozo. Una vez dentro, se extendía en capas y se compactaba con pisones de madera. Este trabajo, realizado por el pisonero, eliminaba el aire y convertía la nieve en una masa cada vez más densa.
El nevero se iba llenando mediante la superposición de capas de nieve de entre 20 y 50 cm, separadas por hojas, helecho o paja, que actuaban como aislante. Cada capa se apisonaba cuidadosamente, y el proceso se repetía hasta completar el llenado. Una vez terminado, se sellaba la entrada con un cierre provisional para favorecer el asentamiento.
Con el paso de los meses, la nieve compactada se transformaba en bloques de hielo sólido. Llegado el momento de su extracción, estos se cortaban con hachas o sierras. El hielo se transportaba a caballo en bloques de unos 20 o 25 kilos, protegidos en sacos. Para evitar su deterioro, el traslado se realizaba de noche y se distribuía en ciudades como Pamplona o Estella, donde se utilizaba en hospitales, conventos, pescaderías y otros usos cotidianos.
La reconstrucción reciente ha recuperado su volumetría original elevando el muro exterior para garantizar la seguridad, aunque no se ha reproducido la antigua cúpula que cubría la boca del pozo. Actualmente este monumento constituye uno de los hitos más representativos de la red de senderos de Tierras de Iranzu y un ejemplo modelo de recuperación del patrimonio rural.
El hielo producido en la nevera tenía múltiples usos: se empleaba para conservar alimentos, refrescar bebidas y en la elaboración de helados. También desempeñaba un importante papel medicinal, utilizándose para aliviar dolores de cabeza, reducir inflamaciones o tratar afecciones como el cólera, la gripe o la apendicitis. Además, ayudaba a cortar hemorragias y a tratar quemaduras. En estos cuidados, el papel de la mujer era fundamental.