Tierra Estella

Crucero de Aramendía

Un excepcional crucero plateresco del siglo XVI, único en Navarra por su declaración como Bien de Interés Cultural.

¿Qué la hace imprescindible?

Una pieza única en Navarra

Una pieza única en Navarra

Datado en 1559, es el único crucero de la comunidad declarado expresamente Bien de Interés Cultural, lo que subraya su singular valor patrimonial.

Arquitectura plateresca de gran calidad

Arquitectura plateresca de gran calidad

El conjunto se compone de una cruz de piedra ricamente decorada, protegida por un templete gótico de planta triangular con bóveda estrellada, una combinación poco habitual.

Iconografía escultórica detallada

Iconografía escultórica detallada

En el nudo del crucero se representan los cuatro evangelistas, junto a San Pedro y San Pablo, mientras que en la cruz aparecen el Crucificado y la Virgen con el Niño, formando un completo programa iconográfico.

Cuándo visitar

El crucero puede visitarse durante todo el año. Su ubicación en un entorno abierto permite su contemplación en cualquier momento.

Ideal para

Turismo cultural y patrimonial Turismo rural Senderismo y cicloturismo Amantes del patrimonio religioso Interesados en la fotografía

Cómo llegar

A pie

Desde el núcleo urbano de Aramendía se accede en pocos minutos caminando en dirección a Ganuza.

En bicicleta

El trayecto es accesible por carretera local y caminos del entorno hasta el crucero.

En coche

El crucero se localiza junto a la carretera, donde es posible detenerse en las inmediaciones y visitarlo.

En autobús

Aramendía cuenta con conexiones de autobuses con localidades cercanas. Desde la parada, el acceso se realiza a pie.

Más información

El crucero de Aramendía, fechado en 1559, es uno de los conjuntos más singulares del patrimonio navarro. Situado a las afueras del núcleo urbano, al pie de la sierra de Lóquiz, este elemento combina arquitectura, escultura y simbolismo religioso en una única pieza.

El conjunto está formado por una cruz de piedra de tipología renacentista, que reproduce el modelo de las cruces procesionales de plata. Se alza sobre un fuste cilíndrico monolítico y un nudo decorado en forma de templete, donde se concentra la mayor parte del programa iconográfico.

Este nudo alberga, bajo hornacinas aveneradas, las figuras en relieve de los cuatro evangelistas, así como de San Pedro y San Pablo. En la cruz se representan el Crucificado en el anverso y la Virgen con el Niño en el reverso, destacando el tratamiento escultórico de gran calidad, especialmente en los pliegues y expresividad de las figuras.

La cruz se protege mediante un templete de sillería de planta triangular, abierto mediante arcos apuntados y cubierto por una bóveda estrellada, cuyos nervios descansan sobre soportes independientes. Esta estructura refuerza el carácter monumental del conjunto. El crucero ha sido objeto de diversas intervenciones de restauración que han permitido conservar tanto la estructura arquitectónica como su riqueza escultórica.
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